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La fiebre no es una enfermedad, es un síntoma, un indicativo de otra cosa, normalmente de una enfermedad.
Carmen censuraba el miércoles el hecho de que se utilice el cuerpo de la mujer como reclamo, poniendo como ejemplo un evento deportivo, y un amable lector contestaba que las mujeres que se prestan a ejercer de floreros lo hacen de forma voluntaria y cobrando un buen dinero por ello.

El hecho de que exista por costumbre el empleo de mujeres florero no implica un maltrato o menoscabo de los derechos de una mujer. No es un delito, ni mucho menos. Es un indicativo de los valores de una determinada sociedad. La nuestra. ¿Qué dice de nosotros el hecho de que nos guste decorar ciertos eventos con cuerpos de mujer? ¿Qué dice de nosotros el hecho de que muchas mujeres quieran, voluntariamente, ejercer de objetos decorativos? ¿Qué dice de nosotros que vayamos extendiendo el modelo y empecemos a utilizar cuerpos masculinos también como objetos decorativos?

A mí, personalmente, me parece completamente legítimo que una mujer, libremente, decida mostrarse con escote y minifalda, semidesnuda, o desnuda de forma integral, o como le plazca, en un programa televisivo, acontecimiento deportivo, feria o convención empresarial, concurso de belleza, o donde sea, con la única finalidad de adornar. Como también me parece absolutamente legítimo que una mujer que libremente decida cubrir su cabeza, o su rostro o las piernas, o el dedo gordo del pie izquierdo, con la única finalidad de representar una mayor virtud, se cubra. Mientras exista una libertad de actuación, que cada uno decida lo que quiera. Yo, personalmente, no lo hago. Pero es mi elección.

Sin embargo, ese respeto que me producen esas decisiones tomadas libremente, no es incompatible con el hecho de que me disgusten profundamente los valores sociales que subyacen en la utilización de los cuerpos (de mujeres, pero también de hombres) como reclamos, como tampoco comparto los valores culturales que subyacen en el ocultamiento de la mujer. Y por eso, porque no comparto los valores que subyacen en ninguna de estas costumbres, libremente decido no hacerlo. Sin embargo, es muy posible que, en mi día a día, sí tenga comportamientos de los que posiblemente ni siquiera sea consciente, en los que subyazcan valores con los que disiento: machismo, materialismo, individualismo, superficialidad… pero con esto ya me pongo otro día.

Los comportamientos, los usos y costumbres nos dan rasgos, valores y características de una sociedad y una cultura. Todos nacemos en una sociedad y bebemos de esos comportamientos colectivos, de esa cultura, y lo que ocurre en nuestro entorno nos resulta normal, es lo que entendemos como normal, porque así lo hemos visto siempre. Es comprensible que a muchas personas no les rechine que unas mujeres en minifalda levanten pompones en los descansos de un partido de baloncesto, o que acompañen en el podio al deportista ganador, y que a muchas mujeres no les incomode en absoluto hacer ese papel. Como a muchas otras personas no les rechina que las mujeres cubran sus cabezas, pues así lo hacían sus abuelas, sus madres, sus hermanas…. y que muchas mujeres deseen continuar con esa costumbre.

Y es que, lo que es difícil, es detectar qué están revelando esas costumbres acerca de nuestra sociedad, porque desde dentro no somos capaces de verlo, porque las tenemos interiorizadas y normalizadas. Por eso nos resulta tan sencillo juzgar culturas diferentes a las nuestras, censurar otros comportamientos, otras religiones, otros ritos, otras formas de vida, y sin embargo no somos capaces de realizar un juicio crítico de lo nuestro. Pero precisamente debido a esa dificultad, me parece tan importante la actitud observadora, ese prestar atención a ciertos detalles que pueden parecer no tener importancia, y puede que no la tengan, pero sí son un indicativo, un síntoma de aquello que somos. Es importante la observación y el análisis crítico de la realidad observada, y también el compartir el resultado de las observaciones, y facilitar una puesta en común de las reflexiones que nos suscitan, para que poco a poco, según vayamos detectando conductas que encubren valores que no nos gustan, ir modificándolas, en nosotros, en nuestro día a día, por elección personal, libremente, por convicción, e irnos aproximando a ser aquello que nos gustaría ser.

Y eso es algo de lo que pretendemos hacer aquí, por volver un poco al meta-euler del lunes, obligarnos a observar con espíritu crítico. Y contribuir en cierto modo a suscitar en este pequeño espacio, y en petit comité, la reflexión y el debate.

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3 pensamientos en “Revelaciones de un florero

    • gracias, a veces me parezco un poco tostón cuando me pongo analítica y teórica… pero veo que hay quienes sobreviven 🙂 feliz fin de semana

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