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Bueno, venga, llevo dos viernes sin escribir, mañana es fiesta, y tengo una ventana de tiempo de cuarenta y cinco minutos para sacar un artículo con cero inspiración (cuanto menos escribes menos sabes de qué). Uso el clásico truco de abrir El país y ponerme a escribir sobre el primer titular del día (hoy es jueves, lo siento, mañana ya estará desfasado). Rechazada en tercera votación la investidura de Susana Díaz. Perfecto, porque además enlaza con Carmen. Pues de Susana Díaz vamos a hablar, que mira por dónde le tenía yo ganas a la situación política andaluza, más que nada porque puede ser precursora de lo que se va a vivir en el resto del país a partir del 24 de mayo.

El otro día, en el café, comentaba una compañera la total incertidumbre acerca de lo que puede ocurrir en las próximas elecciones, concretamente en Madrid, que es donde radicamos los protagonistas de la charla del café. Ojalá no, pero es posible que vuelva a ganar el PP. Eso sí, aunque así fuera, no sería como en veces anteriores. Porque, al igual que en Andalucía, habrá ausencia de mayorías absolutas, y, por primera vez, encontraremos una multiplicidad de partidos con representación y protagonismo. Y esto es fantástico. ¿Por qué? Lo primero, porque cualquier coto que se le pueda poner a Esperanza Aguirre para que no campe a sus anchas es beneficioso para la especie humana. Pero sobre todo porque por primera vez tendremos que aprender que gobernar en democracia no debería ser hacer lo que uno quiere, cuando quiere, y en solitario. Ni tampoco establecer unos pactos a priori que, a efectos prácticos, suponen dar una carta si no blanca casi blanca, al partido que gobierne. ¿Cómo puede nadie comprometerse a apoyar a otro partido en todo, pase lo que pase, sea lo que sea, durante cuatro años, a cambio de una cartera, una concejalía, o lo que sea?

Pero claro, ahora vamos con la realidad una vez que llega esa situación tan idílica y demócrata de negociaciones, consenso y pactos puntuales. Y es que, después de tres votaciones, en Andalucía aún no se ha conseguido formar gobierno, ni elegir a la presidenta de la comunidad. ¿Por qué? Pues porque no estamos acostumbrados. Consenso es una palabra que hasta ahora, en política, sólo se ha utilizado como concepto abstracto. Y si no, véase el caso. La señora Susana Díaz no está dispuesta a mover un dedo ante absolutamente ninguna petición de los partidos de los que exige apoyo. Con Ciudadanos había llegado a un acuerdo anticorrupción que finalmente decidió no firmar, sentando unas dudosas bases de credibilidad y confianza de cara a futuras negociaciones, supongo…

Tampoco le ha parecido razonable ni asumible ninguna de las dos peticiones de Podemos, que son el no trabajar con bancos que desahucien sin alternativa para los afectados, así como la reducción de altos cargos.
Lo que piensa la señora Díaz, es que por el mero hecho de que su lista sea la más votada, el resto de los diputados, que representan también a un gran número de andaluces, deberían envainarse sus ideas y propuestas políticas, y concederle la carta blanca por los próximos cuatro años, para que ella pueda hacer y deshacer según le parezca mejor, pues quién mejor que ella para ser ahora reina y señora del gran feudo del sur, que lo que quiere y así lo ha dicho, es gobernar en solitario. Y está irritadísima porque no le dejan, le ha faltado cagarse en quienes no le han votado y le han negado ese sueño despótico que tenía desde niña, destilando ese estilo chusco tan característico de la política a la vieja usanza.

Ay, señora Díaz, es que gobernar no debería ser hacer lo que uno quiere, en solitario, aunque eso sea lo que se ha venido estilando hasta ahora, porque quienes han votado exigen que ustedes se sienten, hablen y negocien, y que entre muchas personas con ideas diferentes consigan llegar a acuerdos, que usted ceda en algunas cosas, que otros cedan en otras… Pero bueno, supongo que es la falta de práctica. Como el niño del parque que se enfada porque el resto no ha querido jugar al escondite. Con el tiempo irá aprendiendo que en el parque unos días se juega al escondite, otras al rescate, otras a la comba, y otras a rayuela, y que además las normas de cada juego se adaptan entre todos, y que el líder mandón y déspota empieza a estar ya pasado.

En fin, que la cosa está interesante. Porque dentro de poco vamos a tener muchas más circos y mucho más cerca. Y si no, piensen por un momento en una hipotética sesión parlamentaria en Madrid entre la Espe, Manuela, Carmona y Villacís….

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Un pensamiento en “El infierno son los otros

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