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Decía ana que bienaventurados los cautivos porque ellos no leerán programas. Yo no soy cautiva, pero tampoco me los he leído. Tenía la sana intención, lo juro, pero el programa del grupo que tengo pensado votar, es un documento de 71 páginas, y sólo para las municipales. Los demás no le andan a la zaga. Y después los programas de las autonómicas. Quince días son muy pocos para poder tomar una decisión electoral en base a un análisis exhaustivo de todos los programas electorales a nuestro alcance. Harían falta varias vidas. Sin embargo, yo tengo algunas técnicas que me van a facilitar las cosas a la hora de tomar una decisión, y que además, yo creo que podrían llegar a catalogarse como responsables.

En primer lugar, he aplicado la técnica del descarte. De todas las candidaturas del catálogo hay dos que he desechado de entrada, lo que hace innecesaria la lectura de sus programas. ¿Y en base a qué ese descarte sin escuchar nada de lo que proponen a futuro? Pues a su pasado. No necesito leer nada que venga de ciertos partidos para saber que digan lo que digan, o propongan lo que propongan, no merecen mi confianza, basándome en mi experiencia pasada.

¿Qué es un poco intransigente? Pues no creo. Si extrapolamos a otros contextos no lo sería, por ejemplo, pongamos que quiero pintar mi casa, y no conozco a ningún pintor ni tengo referencias Lo que haré será pedir  varios presupuestos y contratar al que me ofrezca una mejor relación entre lo que me cobra por pintar y la impresión que me dé (que parezca que sabe de lo que habla, que pinte en poco tiempo, que me diga que lo va a hacer bien, que será limpio, etc….). Efectivamente, de entrada, cuando uno no conoce nada, sólo puede decidir en función de las mejores promesas, las más bonitas, unidas a un presupuesto, claro. Pero oye, si contrato al pintor que me parece mejor, y resulta que en lugar de pintar en una semana tarda tres, que la pintura se agrieta enseguida, y que además, en lugar de cobrarme lo que dijo termina cobrándome el doble (que si hubo que comprar más pintura porque hubo un problema con la junta de la trócola, que si la abuela fuma, que no sé qué de una herencia….) pues la siguiente vez que tenga que pintar, puede que siga sin saber a quién contratar, pero lo que es seguro es que sí sabré es a quien no. Porque he tenido una experiencia y ha sido negativa, porque ha incumplido lo pactado, me ha dejado la casa hecha un asco, y encima me ha cobrado más de la cuenta. No hablemos ya si además hubiera descubierto que alguno de uno de los chavales de su cuadrilla de currantes hubiera hurtado o robado algo….

Sin embargo, parece que somos muchísimo menos exigentes a la hora de elegir representantes que pintores. Es asombroso la cantidad de oportunidades que le hemos dado a esos dos partidos, es increíble hasta qué punto ha llegado su desfachatez a la hora de incumplir programas, o la ineficacia de las gestiones, su la falta de profesionalidad, y lo que es más grave, la frecuencia y reiteración en que han traspasado las barreras de la ética y de la ilegalidad. Pues esos programas, la verdad, no necesito ni leerlos, porque han perdido mi confianza, me han defraudado, me han ofendido, me han indignado y me han avergonzado. Para mí no son una opción.

Una vez realizados dos descartes enormes, resulta que me hace tilín una agrupación ciudadana. Ese no es un criterio racional y responsable, es emocional (aunque quizás la emoción sea responsable…). Así que empiezo a pensar por qué me atrae, con forma de actuar tan típica del ser humano, que primero siente, y después con la cabeza, busca los argumentos racionales que expliquen y justifiquen las elecciones de su órgano palpitante.

Pues me gusta la agrupación, sí, y me gusta su candidata. Manuela. Me gusta que haya sido jueza, me gusta que sea independiente y no venga de ningún partido, y por tanto, no esté sometida a una línea de pensamiento inquebrantable, me gusta su apelación al sentido común y a la democracia, y es que cuando habla, me parece que su criterio de sentido común se asemeja al mío, me gusta su tono discursivo tan distante y distinto de la agresividad que se lleva en la política que hemos visto hasta ahora. Ella no discute, dialoga, charla, reconoce, agradece, propone. Me gusta su forma optimista y constructiva de encarar el futuro, la búsqueda de soluciones, la esperanza de una forma distinta de hacer las cosas.

De una forma que primero ha sido emocional, y después he conseguido explicar racionalmente, es la persona y la formación con los que me he sentido más identificada y reconocida. Y aunque sólo haya visto las propuestas de forma sucinta y no me haya detenido a analizar cada una de los 71 páginas que la desarrollan, lo cierto es que, en esta ocasión, y al menos para las municipales, yo lo tengo decidido.

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6 pensamientos en “Cómo no ser cautivo sin morir en el intento (o el previo a la jornada de reflexión)

  1. Yo también creo que a veces hay que dejarse llevar por el palpito. Por la sensación que te da una persona de coherencia y sensatez. Desde luego si aquí en Valencia hubiera una Manuela no lo dudaría 🙂

  2. Los programas electorales, también llamados ‘carta a los reyes magos’ o ‘documento de buenas intenciones’, deberían estar regulados e incluso sancionados en algunas ocasiones.
    Prevaricación es cuando algún juez dicta sentencia a sabiendas de ser injusto, ya que su dictamen no se atiene a derecho, ya sea por imparcial o por subjetivo.
    ¿no existe algún tipo de delito similar para los que elaboran programas (y promesas) electorales a sabiendas de que se están riendo en la puta cara de los electores?

    • Me ha encantado la definición. La cosa es que los programas sólo sonéticamente vinculantes, pero no tienen caracter contractual. Éticamente, si una circunstancia te impide cumplir con aspectos esenciales de tu programa, deberías consultar a la ciudadanía, entiendo. Lo que ocurre es que cuando se deja el buen hacer a la ética, y teniendo en cuenta que la ética es como el sentido común, que cada uno lo tiene en un lugar distinto…. pasa lo que pasa. La vieja escuela actúa como si los programas fueran un adorno, porque se vota al partido, y sus votantes tienen una fé absoluta en ellos, muy al margen de los programas. Al menos eso dan a entender. Y, sinceramente, aún hay millones de personas que con su voto tambiém lo hacen, legitimándolos.

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