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Lunes post-electoral.

Hoy no hay que esperar inspiración para elegir tema. En lunes así, ya viene dado: ganamos, perdimos, que si los pactos, que si los acuerdos, que los electores han dado un castigo, que si han vuelto a ilusionarse… pero el resumen de los resúmenes de los resultados electorales ya lo hizo Rita Barberá fuera de micrófono ayer,  así que yo, como no puedo mejorar eso, voy a optar por fijar mi atención en toda la gente que ayer participó en las elecciones fuera de las listas.

Esta mañana mucha gente ha podido quedarse en la cama un rato más porque ayer trasnocharon con el recuento y otros muchos que también trasnocharon por lo mismo hoy se han levantado a la hora de siempre porque su trabajo continúa. Y la mayoría de esa gente es funcionaria, de la policía, del Ministerio del Interior, de los ayuntamientos, de las comunidades autónomas, de las ciudades autónomas, de los juzgados en los que se entregan las actas… funcionarios que cumplen su labor con discrección y, casi siempre, con eficacia porque, salvo que alguna vez vivas las elecciones desde dentro, es difícil darse cuenta del trabajo que hay detrás de que a la hora justa abran todos los colegios electorales con las papeletas bien colocadas (hay una norma que lo regula), las urnas en su sitio, la documentación de cada mesa ordenada en el sobre correspondiente, la gente en orden (con las fuerzas del mismo rondando los colegios por si acaso)… funcionarios que verán, muchos de ellos, como sus jefes cambian a raíz de las elecciones y, de entrada, es muy probable que se les mire con desconfianza porque, cuando los políticos llegan a gobernar una institución, dan por sentado que todo el que trabaja allí pertenece al “régimen anterior” y, cada cuatro años, por muy eficiente que seas, tienes que volver a ganarte la confianza, una confianza a veces difícil de obtener cuando te toca hacer de malo y convencer a quien acaba de llegar, sin ninguna experiencia en gestión pública, de que las leyes presupuestarias, las restricciones al gasto, la ley de contratación pública… no han sido invento tuyo para fastidiar al personal, y que tú sólo las aplicas y vigilas su cumplimiento en aras de ese bien común al que a veces parece que sólo se consagran los políticos.

Estas elecciones han dado al traste con nuestra estructura política (soy yo un poco más fina que Rita Barberá al decirlo), y un montón de gente nueva e ilusionada va a llegar a las instituciones, gente que parece aspirar a limpiar nuestras instituciones y a prestigiarlas. A ver si es verdad. A mí, si pudiera creer que alguien me va a escuchar, me gustaría recomendarles que, antes de empezar a desmontar unidades y departamentos, y traerse a gente “suya” intenten dar un voto de confianza a quienes llevan años ayudando a gestionar instituciones, servicios, unidades…. porque hay incluso entre ellos gente que ha hecho del servicio público una vocación de vida y, si todos los elegidos llegan realmente a la política con vocación de servicio, seguro que han de ponerse de acuerdo pronto porque el objetivo, a pesar de los diferentes puntos de vista (el del político que ordena y el del funcionario que obedece o vigila el cumplimiento de la ley), es el mismo.

Los electores y todos los que han formado parte de la “máquina electoral” ya hemos cumplido con nuestra parte, ahora les toca a los elegidos, confiemos en que estén a la altura.

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