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Siguiendo con el tema post electoral que inició Ana el Lunes yo podría resumir mi estado de ánimo (y el de muchos de mi alrededor) como “esperanzado”. La noche del domingo muchos sentimos aquí que por fin se acababa una etapa, más bien una condena para los que no compartíamos ideas políticas, que duraba 24 años, unos larguísimos años de mayoría absoluta ejercida como una autocracia en la que ni se escuchaba ni se respetaba a la oposición, ocultándola y ninguneándola como si no existiera, tanto en la casa consistorial y las cortes valencianas,  como en los medios de comunicación que únicamente servían para ensalzar al partido en el poder.

El domingo por la noche les pilló de sorpresa, fue tanto el estupor por la derrota que ni siquiera contemplaron la posibilidad de que la gente saliera a la calle a celebrarlo, no la victoria de determinado partido, sino el fin del reinado del PP. Y la plaza del Ayuntamiento se llenó de gente feliz, de distinto signo político, celebrando la despe-Rita sin que ningún policía ni antidisturbios interrumpiera la celebración. Nadie había previsto que hubiera nada que celebrar.

En una plaza cercana, más pequeña, el partido ganador de la alcaldía, Compromís, celebraba la victoria con sus seguidores. Habían encargado trescientos bocadillos en un bar cercano, donde trabaja una amiga, y me contaba que una vez acabado el recuento, ya de madrugada, Mónica Oltra lloraba de felicidad sentada en una silla de su local, sin acabar de creérselo.

Desde mi subjetividad ideológica no puedo evitar sentir simpatía por las tres mujeres ganadoras. En el caso de Mónica Oltra la considero ganadora porque son muchos años luchando y denunciando la corrupción a cambio de expulsiones de la cámara y denuncias de los diputados posteriormente imputados y esperemos que condenados. Y que a pesar de no haber conseguido los votos suficientes para poder ser la nueva Presidenta de la Comunidad es la clara triunfadora por el apoyo recibido en votos, incrementados espectacularmente desde las últimas autonómicas (de 6 a 19 escaños), mientras que el otro partido con quien supuestamente pactará, el PSPV, ha perdido 10 escaños por el camino desde las últimas elecciones.

Las otras dos mujeres que espero lleguen a ser alcaldesas, Ada Colau y Manuela Carmena me transmiten sensatez, coherencia y honradez, algo que hacía mucho tiempo que no sentía en el mundo de la política excepto en contadas ocasiones y no con políticos digamos “de carrera” sino con algunos recién llegados con muchas ideas y poca experiencia.

Ahora deseo que esa esperanza que mencionaba al principio se convierta en realidad, que puedan y quieran cumplir el programa electoral (que animo a leer a quien no lo haya hecho, les haya votado o no, porque me parece uno de los mejores que he visto, y eso que me lo he leído con posterioridad a la votación), y que los pactos, necesarios para poder gobernar no lo desvirtúen.

Como dijo Ana, nosotros hemos cumplido, ahora les toca a ellos.

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