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Desde que Ana escribió su análisis post-electoral han pasado ya 10 días, y casi estamos igual. Todos los partidos interpretando las cifras y los resultados de una manera sesgada (como no) y a veces hasta demasiado optimista.

Todos han ganado, según sus propias interpretaciones, aunque los dos grandes partidos (hasta ahora) reconozcan retroceso y toman nota del toque de atención de los ciudadanos. Esta interpretación me hace gracia, porque es como si pensaran que nos hemos enfadado por un rato y no les ajuntamos (como en el patio del colegio), pero que en cuanto se porten un poquito mejor, vuelven a recuperar esos millones de votos perdidos, porque claro, nadie tan buenos como ellos con tantos años de experiencia en el poder.

Yo reconozco que acogí esta nueva etapa política de pactos, tratos y  minorías obligadas a entenderse con esperanza y optimismo. A fecha de hoy rozo la desesperación.

Ayer el PSPV anunciaba mediante comunicado de prensa que interrumpía las negociaciones para un futuro gobierno de izquierdas con Compromís y Podemos. Las otras dos partes del trío mostraban su sorpresa e incredulidad, y por los comentarios que estuve leyendo en las redes los votantes a cualquiera de esas fuerzas andan desesperados por la incertidumbre y el temor a que al final esa Generalitat de izquierdas se quede en nada.

Parece ser que unos creen que tienen más autoridad moral para presidir que los otros por ser una fuerza emergente que quiere promover el cambio, y parece que esos otros no quieren renunciar al trono porque tienen más votos que los unos, aunque políticamente estén en franca decadencia.

Los votantes espectadores impotentes de este ridículo juego de tronos solo queremos un gobierno que de verdad sea progresista, que cambie radicalmente la política que hasta ahora hemos estado padeciendo aquí y para eso los tres partidos en juego solo tienen que ponerse de acuerdo en el contenido de su programa, el que llevaran a cabo en la legislatura y para mi no es tan importante quien se va a sentar en la presidencia si luego son coherentes y cumplen los compromisos adquiridos con votantes y socios de gobierno.

Pactar es dialogar, negociar, transigir, ceder y demostrar un talante realmente democrático. La lucha por el poder queda francamente mal.

Esperemos que la ideología y la razón prevalezcan sobre el orgullo.

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Un pensamiento en “De lo que los políticos creen que dicen los números (o la falta de acuerdo)

  1. Ese desacuerdo en valencia es descorazonador, así como el acuerdo andaluz (o eso o a lo mejor es un desengaño definitivo con respecto a unas siglas y a la ideología y valores que se les presupone, por sus propias siglas y por su discurso). Hay otros acuerdos que me parecen más coherentes, al margen de mis preferencias, y otros que aun están por llegar y que son todavía una gran incertidumbre. En fin, parece que nos queda tensión para rato….

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