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Estoy intoxicada de política, de exámenes finales, de extraescolares, de trabajo, de niños, de casa y de todo. Así que voy a abrir la ventana, a coger aire, a cambiar de tema, a huir, a respirar aire puro, irse a un pueblo. Y de eso voy a hablar.

Esta mañana, por casualidad, he estado leyendo un artículo que escribe una yanki urbanita de nueva york acerca de cómo vivir ocho meses en un pueblo español -un pueblo pueblo, un pueblo profundo, un villaoveja como lo adjetiva ella, en Extremadura- le ha cambiado la vida. Y me ha picado la curiosidad por ver en qué se concreta ese Spain is different desde el punto de vista de alguien de fuera.

La verdad es que, después de leer el artículo, salvo por el tema de los horarios de las comidas y poco más,  en realidad me da la impresión de que lo que le ha ocurrido a esta chica no es tanto un choque USA-Spain, como un choque ciudad-campo. Es decir, posiblemente si una persona que ha vivido toda su vida en el centro de Madrid o Barcelona se fuera a algún pueblo genérico de tipo villaoveja, posiblemente se llevaría también una percepción parecida, y se sorprendería de las bondades de la vida en una comunidad pequeña, como el personalismo, la colaboración, la sensación de pertenencia y comunidad, en contraste con el individualismo, el anonimato y la soledad que caracterizan la vida en una ciudad grande.

Y ayer también, creo que fue en el telediario de la dos, hablaron de un pueblo de Teruel, o de Soria, o de Huesca, no me acuerdo, qué más da, un villaoveja de ochocientos habitantes, donde se habían establecido más de diez negocios on-line (y sus dueños, claro). Uno vendía artículos de papelería, otro vendía espadas y aceros y tiene 9 empleados, otro vendía alfalfa on-line, llegando sus pedidos a la mismísima reina de Inglaterra…. Y no todos son oriundos, sino que muchos han abandonado sus ciudades de origen para establecerse y emprender allí su electrónico negocio. Y así decía uno: aquí en el bar del pueblo -porque debe haber uno- en lugar de hablar de fútbol o jugar a la brisca, comentamos técnicas de posicionamiento SEO, o ponemos en común descubrimientos que puedan ayudar a los demás…

Así que, en lugar de convertir el pueblo en una jungla y competir, estos nuevos empresarios emprendedores se ayudan. comparten sus conocimientos y averiguaciones, se echan un cable a la hora de crear y mantener las páginas webs, se dan la voz cuando encuentran una empresa de mesajería con mejores tarifas… y para eso no tienen que acudir a congresos de emprendedores o matricularse en un máster en e-commerse carísimo, tan sólo irse a la plaza grande, o a la plaza chica, y tomarse un tercio o un café.

La verdad es que la idea de regresar a la vida en pequeñas comunidades, la idea de colaborar en lugar de competir, la idea de que la vida vuelva a ser sencilla y coherente, de disponer de más tiempo, de más amigos, de más calidad de vida, con los medios que hay, ya es posible. Quizás estos sorprendidos pioneros, colonos del retorno a la sencillez de los orígenes, marquen tendencia. Un día de estos me convencen….

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4 pensamientos en “Me voy al pueblo

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