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No he podido evitarlo. No tiene nada que ver con el post de Ana y sus tres vidas, pero llevo desde el domingo asombrada e indignada y no puedo escribir de otra cosa. No me sale.

Al principio no hice mucho caso de la polémica, no creí que se le fuera a dar tanta importancia, pero conforme iba pasando el tiempo me di cuenta de que si, que se iba a convertir en un arma de ataque (más bien de destrucción masiva) contra los nuevos partidos recién llegados.

Por supuesto me refiero a los tuits de Zapata, a quien no defiendo, porque igual que no me gustan los chistes verdes o el humor escatológico tampoco me hace gracia el humor bestia que no respeta el dolor ajeno. El lunes todos los medios pedían su cabeza, ya no solo su dimisión, veia tertulianos y presentadores indignadisimos que solo preguntaban a la alcaldesa de Madrid, si lo iba a cesar, pero luego eso no bastaba, da igual que dimitiera, se tenía que ir de la Alcaldía, de su grupo político y hasta de Madrid según algún que otro exaltado.

Y mi asombro e indignación no era contra Zapata, sino contra los medios de comunicación, con ese linchamiento mediático al que estaba siendo sometido sin ir más allá, sin preguntarse porqué, cuando y en que términos escribió eso. Porque yo desde mi posición de espectadora solo veía ganas de hacer sangre, de crispar, de exprimir hasta el máximo la polémica, aunque se salga de madre todo. Medios que hace meses defendían la libertad de expresión tras el atentado en París a los humoristas de Charlie Hebdo, irreverentes y politicamente incorrectos, pero en ese momento lo más importante era condenar la intolerancia, esa que ahora me parece ver por todas partes, por todas las cadenas y medios.

No puedo con la hipocresía, saber que muchos piensan lo contrario de lo que dicen porque es políticamente incorrecto manifestar sus verdaderas ideas no les hace mejores. Y ver como toda la clase política se rasgaba las vestiduras cuando por boca de todos han salido auténticas perlas por no decir amenazas o insultos contra otros políticos o ciudadanos de otra ideología me causaba arcadas. Parece que nadie se acuerda de como se ha tratado en este país a los familiares de las victimas de la represión franquista, o a las víctimas del terrorismo no afines al PP, por poner dos ejemplos. Si empezamos a bucear en hemerotecas, entrevistas, etc, pocos se librarían del fuego.

Esos desafortunados tuits eran de hace cuatro años, y a mí me parece mucho más rastrero y miserable que se ordene una guerra sucia contra un partido político poniéndose a buscar cualquier cosa que se les pueda echar en cara en el presente y que se pueda utilizar como arma politica. Lo más honesto sería dejarles gobernar y echarles en cara los errores que puedan tener si los cometen. ¿Que va a pasar dentro de unos años? Cuando la generación ahora adolescente que cuelga sin sensatez ni medida multitud de fotografías, comentarios y tuits en las redes sociales lleguen al mundo adulto, ¿no podrán ejercer ningún cargo público por aquella borrachera que pillaron y de la que alguien colgó un video en youtube?

Creo sinceramente que podemos pedir responsabilidades por actuaciones cometidas en el tiempo y ejercicio de la actividad política, no antes, no creo que muchas personas superaran una búsqueda exhaustiva de frases que nunca deberían haberse dicho.

El humor es difícil de clasificar, ya sea negro, verde o inteligente, es totalmente subjetivo y depende de quien lo escucha, lee o interpreta. Por supuesto los insultos o la apología de cualquier tipo de violencia, racismo o discriminación no entran dentro de esta categoría, pero a menos que esto último sea claramente identificable no habría que llevar a nadie a la hoguera como primer impulso. Se escuchan tantas imbecilidades al día, muchas de ellas en prime-time, que lo mejor es ignorarlas.

No se que habría sido hoy de los Monty Phyton.

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2 pensamientos en “Tuits, ofensas y chistes malos

  1. Lo de descontextualizar y contar sólo la parte que interesa está a la orden del día. Quienes piden la horca deberían tener cuidado con el rasero que exigen, porque todos tenemos un pasado, y muchos de nuestros políticos han escrito y dicho cosas ostentando cargos públicos que les obligaría, siguiendo ese rasero exigido, a dejar sus cargos, sus partidos, el país, ingresar voluntariamente en la cárcel de por vida, a hacerse el harakiri…. (eso ya, según la exaltación de cada cual…). Otra de las cosas que se cuentan ahora en ciertos medios es que Carmena va a obligar a las madres a que limpien ellas los colegios de los hijos -claro, las van a obligar los soviets que se están formando- en una torticera interpretación de una propuesta municipalista. Dónde están los límites entre la libertad de expresión y la crueldad es un debate abierto, pero también debería serlo dónde está el límite entre libertad de expresión y la difusión de barbaridades en mass media. Así luego la gente anda aterrorizada, con un desasosiego terrible, como le escuchaba yo a un señor en el mercado “si ganan esos en noviembre, aquí empezamos a vivir como en Colombia, vamos, que hay que irse del país, ya lo estoy viendo…”

  2. El caso es que esos tuits lo único que para mí mostraban es que su autor era un insensato hace cuatro años y en poco tiempo, en cuanto empezara a decidir o a hablar hubiéramos podido comprobar si esa “enfermedad” se le habría pasado ya o no. Parece que no vamos a poder verlo. Sí creo que quedaría digamos curioso como concejal de cultura de un ayuntamiento, independientemente de que los hayamos tenido quizá peores. La idea de un cambio en actitudes yo entiendo debería empezar porque no nos conformemos con medir a los responsables actuales con el mismo rasero que marcaron esos anteriores de los que tanto nos hemos quejado. En todas las organizaciones tiene que haber gente sensata y capaz suficiente para ocupar los puestos de máxima responsabilidad y mi aspiración personal es que sean exactamente esos los que manden. La sensatez no debería ser algo ideológico sino un mínimo básico para cualquiera que pretenda tener una responsabilidad pública. Hemos iniciado un periodo políticamente interesante, a ver qué nos depara.

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