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Por lo visto, en los países donde la entrada masiva de refugiados no se está viendo con buenos ojos, y también en los medios de comunicación afines a la idea de que la acogida de refugiados nos perjudica, gustan modificar el sustantivo de refugiado por el de inmigrante-el ilegal sin papeles y sin dinero, se entiende, que los inmigrantes con los bolsillos llenos no molestan a nadie-, con la idea de que la opinión pública asemeje ambas figuras .

¿Y esto por qué? Pues porque parece ser que en general, existe una mayor empatía con las personas que buscan una oportunidad en un país que no es el suyo si de lo que huyen es una guerra que con las que huyen del hambre. No en vano, en derecho internacional se reconoce el derecho de asilo al refugiado (que huye de una guerra), pero no el derecho de asilo al hambriento.

Hace cuatro años que hay guerra en Siria, de un día para otro se agolpan decenas de miles de personas en las fronteras europeas, y nuestros dirigentes se han quedado atónitos e incapaces de articular una respuesta. Para la que espero haya sido su vergüenza, ha tenido que ser la propia ciudadanía la que haya comenzado a organizarse por su cuenta para ofrecer refugio a todas estas personas desesperadas. Es decir, después de cuatro años de guerra civil atroz, especialmente virulenta con la sociedad civil, comienza la llegada en masa de refugiados a Europa y a nuestros dirigentes les ha cogido de sorpresa. Y tras un mes en que en las noticias sólo se habla de muertos tratando de alcanzar nuestras costas, de testimonios de quienes viven la desesperación en las fronteras, y de imágenes tan difíciles de soportar, siguen reuniéndose de urgencia con traje y corbata cada quince días sin haber decidido aún una sola medida efectiva que alivie la situación. Un día vamos a morir de burocracia. ¿Tan difícil era prever que esto podría llegar a ocurrir? ¿De verdad pensaban que la gente se iba a quedar pacíficamente esperando la muerte en su hogar sin hacer nada ni molestar a nadie?

Pues bien, yo entiendo que la situación que se vive ahora en las fronteras europeas con las personas que huyen de la guerra es insostenible y precisa de medidas extraordinarias y muy urgentes, para ya. Pero cuando hayamos conseguido aliviarla no se habrán terminado las cuestiones pendientes. Porque no se nos puede olvidar que en el continente africano, hay muchas guerras de las que los civiles huyen, y hay una miseria y una falta de dignidad y oportunidades de las que las personas también huyen, con igual derecho y legitimidad.

En el pasado, cuando los países y los continentes eran lugares aislados, cuando en el tercer mundo no había conocimiento de otra vida más allá de la que les había tocado en suerte al nacer, las personas se resignaban a su destino. Pero ahora, quienes sufren el hambre, la guerra y la injusticia, saben que quienes nacen en otros lugares tienen otras oportunidades y viven de otra forma.

Y aquí, en este pequeño reducto de primer mundo nuestro, deberíamos estar mucho más preocupados por la miseria ajena, porque un día u otro nos va a estallar en la cara. Llegarán cientos de miles exigiendo su oportunidad, pidiendo justicia, y no habrá valla ni muro que pueda contenerlo. Y el llamarlos refugiados, inmigrantes, ilegales, sin papeles no va a cambiar nada. Ponedles el nombre que queráis. Son personas que sufren y que exigen su oportunidad. Son personas y tienen el legítimo derecho de luchar por una vida digna.  ¿De verdad pensamos que las tres cuartas partes del mundo se van a quedar para siempre esperando morir de hambre, de una epidemia, de la explosión de una bomba, mientras nosotros estrenamos un teléfono móvil al año, pagamos dietas de adelgazamiento y cirugías estéticas, financiamos nuestro apartamento en la playa, y hacemos que nuestros hijos aprendan cinco idiomas?

¿Cuándo van a darse cuenta nuestros dirigentes de que es imprescindible un compromiso y una inversión que realmente ayude a levantar las economías de los países en vías de desarrollo? ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que la miseria de los demás nos afecta a todos?

Y puedo dar varios motivos de peso: el que ya he dado de forma velada, que es el que quizás mejor entendamos todos, que es el de ayudar por egoísmo propio. Si no quiero que tu pobreza invada mi país, mejor te ayudo en el tuyo para que ni tú tengas que dejar tu tierra, tus raíces, tu familia, y huir, incluso a riesgo de perder la vida, para después tener que entrar como un delincuente en el mío.

Pero otro motivo es el de la responsabilidad. Conviene echar la vista a atrás, repasar la historia, y detenerse en el apartado de los descubrimientos, ya hace siglos, y en el de las colonizaciones, antes de ayer. Por no hablar de las actuales desestabilizaciones políticas en oriente medio forzadas desde EEUU y Europa para conseguir acuerdos sobre el petróleo ventajosos. Hemos dejado medio mundo destrozado. Nuestra riqueza se asienta en la miseria de quienes queremos contener al otro lado de nuestras fronteras.

Y para los idealistas, para esos que no necesitan razones de carácter práctico, para esos que no se mueven por el propio interés, para esos que no creen en el deber como motor, para ellos está uno de los más bellos argumentos en el catálogo de los argumentos, que es el sentido de la justicia, incluso el más bonito de todos, que es el del amor.

Así que cada cual que elija el suyo.

Y hagamos.

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