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La otra mañana estuve escuchando en la radio un programa en el que se le hacían preguntas de salud a un médico llamado Juan Gervás. Este señor ha escrito un libro junto con la doctora Mercedes Pérez-Fernández llamado “La expropiación de la salud”. En el programa no se dijo nada acerca del libro, ni del significado de ese título, pero el médico en cuestión hizo una serie de declaraciones que a mí me hicieron mucha gracia, porque están diametralmente en contra de los mensajes que nos rodean y que casi se han convertido en imperativos de salud, por ejemplo: un señor le decía que le habían recomendado como desayuno saludable un batido hecho con avena, agua, zumo de piña y fresa, frutos secos y miel, y le preguntaba al médico si le parecía apropiado. El médico contestó lo que debe pensar la mayoría de personas al escucharlo: que ese desayuno es muy complicado. Lo más saludable es comer algo que sea fácil y con lo que disfrute.

Otro le dijo que se había apuntado al gimnasio, pero que le horrorizaba, y se preguntaba qué podía hacer para ejercitar su cuerpo y estar sano. El médico le dijo que el realizar una actividad con la que lo pasaba mal no compensaba. Y le recomendó que si tenía pareja, se dedicara a practicar con ella buen sexo con frecuencia. Y que se divirtiera en compañía. Que eso sí reportaba grandes beneficios físicos y mentales.

Otra de las cuestiones la planteaba el propio presentador de Hoy empieza todo, es que por motivos laborales tenía que dormir a deshoras, ya que trabajaba todos los días desde las 4:00 a.m. Y preguntaba qué podía hacer para que esos horarios no le afectaran a su salud. A lo que el médico le contestó que la forma de contrarrestarlo era llevar a cabo su trabajo con toda la ilusión del mundo, levantarse y llenarse de energía pensando en realizar un programa estupendo, y que el placer de realizarlo le daría la energía el resto del día.

También le preguntaron que por qué las personas más longevas eran orientales. Él respondió que estaba relacionado con una menor ingesta de alimentos y con el tipo de alimentación. Pero que parece que últimamente nos preocupa más vivir muchos años más que disfrutar aquellos que vivimos.

El médico, sin embargo, priorizaba a las personas, que fueran felices, que disfrutaran, que se apasionaran con su vida, y no trataba de imponerles formas de vida al margen de sus propios gustos y aficiones. Normalmente lo que escuchamos son imposiciones en genérico: ejercicio cardiovascular al menos una hora al día, no más de no sé cuantos gramos de carne roja a la semana, cinco raciones de frutas y verduras al día, al menos dos litros de agua, ocho horas de sueño, estiramientos, revisiones médicas, complementos nutricionales, complementos dietéticos…. Y ese valor que el médico le otorgaba a la felicidad, al disfrute, a la pasión, ese situarlos por encima del decálogo del perfecto saludable, me ha hecho continuar investigando.

Así he buscado información acerca del doctor Gervás, y me he encontrado con términos que desconocía. ¿Qué demonios querrá decir  “la expropiación de la salud”? Pues ellos se refieren con ese término al hecho de que a través del miedo a la enfermedad y a la muerte, nos hemos hecho dependientes de un sistema sanitario que ha ido perdiendo su lado humano y muchas veces sobremedica e interviene en ocasiones en las que no es necesario, causando más problemas que beneficios. Denuncia que los médicos han dejado de escuchar a las personas, y que se inculca tanto miedo que hay millones de personas que viven con la sensación de estar enfermas sin estarlo realmente, y tan angustiadas y obsesionadas por alcanzar unos ideales de vida saludable, so pena de enfermar, que terminan siendo incapaces de disfrutar de la vida. Como en toda expropiación hay una compensación y en el campo de salud se promete a cambio casi una juventud eterna mediante la prevención sin límites ni prudencia. Esperamos de la medicina el imposible de una vida sin enfermedad, sin envejecimiento y sin muerte, y a cambio, y para conseguirlo, entregamos nuestra alma. Y sin embargo, y a pesar de todo, vamos a morir.

Cito textualmente al doctor Gervás, y lo voy a hacer de ahora en adelante, mejor leer de primera mano sus opiniones, y ahí las dejo, para que cada cual reflexione:

“(…) el mayor problema es que no estamos dispuestos a admitir las adversidades. No estamos preparados para entender que no son adversidades de la vida, sino que es la vida. La vida es una mezcla de momentos felices, de disgustos, de adversidades, de momentos de gloria, de hundimiento. No podemos tener un ánimo constante. Por un lado, nos desconocemos, pero sobre todo, por otro lado, no nos admitimos. Ni a nosotros ni a la sociedad. Por eso, llega la muerte y nos asombramos. No podemos pensar en ella a diario, pero no podemos negar la muerte, ni la enfermedad ni el dolor. En último término, el ser humano está preparado para todo ello. En el fondo, esta medicina arrogante nos va quitando esas capacidades que hemos desarrollado a lo largo de la evolución humana.

En cuanto al término “biopolítica”, la explica como  “aquella política que emplea el cuerpo humano como forma de control, básicamente a través de la introducción de miedos. Antes actuaba de esa forma la religión, con el miedo al infierno y a la muerte. Ahora, se emplea con el miedo a la enfermedad, al dolor y a la muerte en el sentido del control del cuerpo. La medicina reduce todo a cultivar el cuerpo, olvidando la mente, la cultura, el arte, la amistad, la familia… La gente empieza a vivir en el cuerpo a cuerpo, metida en los gimnasios, y con una gran preocupación por la salud y la forma física.”

El   poder   de   la   biopolítica   abarca   incluso   campos   morales,   espirituales   y   filosóficos   por   la corrupción de la medicina a través de los juicios de valor. Por ejemplo, la enfermedad y la muerte devienen en evitables y consecuencia de una vida «disoluta e irresponsable».  Así, si alguien tiene un infarto de miocardio se juzga que «¡Algo habrá hecho! (o dejado de hacer)» y se inquiere acerca de   sus   hábitos,   como   tabaquismo   y   sedentarismo.   Los   pacientes  expresan   temor   ante   estas conductas irracionales, propias y ajenas, y los médicos se sienten culpables ante las enfermedades y la muerte, como si todo se pudiera evitar.”

La expropiación de la salud destruye el potencial personal, familiar y social para afrontar hechos inevitables como el dolor, el sufrimiento, el desánimo, el sentimiento de vacío existencial, el miedo al futuro, la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. En cada etapa de la vida se inyectan miedos, desde el embarazo a la muerte, pasando por el parto, la infancia y la juventud, sin dejar ningún hueco, como la menopausia y el envejecimiento. Se promueve la dependencia constante, y al final se pierde la autonomía del vivir y del morir. El paciente deja de ser dueño de su propio cuerpo,   de   su   salud,   enfermedad   y   muerte.   La   muerte   se   presenta   como   fracaso   y   no   como inevitable gozoso final a una vida vivida con intensidad. Finalmente se secuestra hasta el lugar del morir y se acepta el omnipresente «culto al hospital», lo que lleva al moribundo directamente a urgencias, al ingreso hospitalario e incluso a la Unidad de Cuidados Intensivos, expresión máxima del miedo a morir sin asistencia médica. En esta situación se produce el máximo desencuentro entre el médico, pendiente del «exterior» (los  datos  clínicos), y el «interior» del paciente, quien casi no tiene oportunidad de hablar. Irónicamente, el que va a morir ni siquiera lo sabe en muchos casos, pues los propios profesionales niegan la muerte inminente, que ven como fracaso. Si se atreve a preguntar el simple: «¿Qué pasa? ¿Va todo bien?», obtiene tecnicismos por respuesta y el «No se preocupe, estamos haciendo lo imposible». En ese mundo de altas tecnologías y bajas «humanas energías», totalmente deshumanizado, no cabe nada sagrado ni trascendente, ni una pizca de espiritualidad, ni un poco de ternura, ni un gramo de amor, ni casi compasión”.

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2 pensamientos en “Biopolítica y la expropiación de la salud, para pensar….

  1. Pero este hombre es maravilloso, me ha encantado lo que dice. Es cierto, vivimos en una sociedad llena de normas saludables y el que enferma, no digamos ya el que muere, es visto como culpable. Voy a leer más sobre el doctor Gervás. Gracias, Patricia.

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