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El otro día tuve que comprarle a mi hijo un libro de lectura obligatoria que les había encargado su profesora de Biología, “El diario rojo de Carlota”. Cuando fui a comprarlo, leí en su reseña lo siguiente: “¿Qué ocurriría si la explosiva Carlota – protagonista de tantos libros memorables-, y Flanagan -el famoso detective-, se conocieran, establecieran relaciones sentimentales, practicaran sexo y… Nos los contarán paso a paso? Un auténtico diario de sexualidad para ellas.”

Oh, qué interesante, pensé. Seguí investigando y vi que también hay un Diario rojo de Flanagan, en el que el chico cuenta, desde su punto de vista, su relación con Carlota, y se convierte en un manual de sexualidad para ellos. Así que lo compré también.

Varias observaciones a raíz de todo esto. La primera es mi sorpresa ante el acierto de que un profesor obligue a sus alumnos a leer un libro sobre sexo. La segunda es mi sorpresa ante el acierto de que, su profesora, les hiciera leer el manual femenino. Porque, la sexualidad femenina, aún hoy, al menos comparada con la sexualidad masculina, es mucho más desconocida. Tanto para ellos como para ellas.

Mientras mi hijo se leía en dos tardes el diario de Carlota, yo me leí el de Flanagan. Me interesaba mucho conocer el contenido, el alcance y el punto de vista. Y de nuevo me volví a sorprender por la gran cantidad de aspectos relacionados con el sexo que se pueden llegar a abordar: los inicios de la vida sexual, los miedos, las torpezas, las primeras veces, los conocimientos y los desconocimientos, los prejuicios morales, las diferencias entre el deseo masculino y el femenino (el famoso más deprisa versus más despacio), la dificultad que aún tienen las chicas a la hora de manifestar su sexualidad (si reconocen abiertamente su gusto por el sexo AÚN se las tilda de guarras, y, si no muestran interés de frígidas), los complejos, la masturbación, la inseguridad, la homosexualidad, la fidelidad y la infidelidad, la libertad, las emociones, los celos, la posesión, la aceptación del propio cuerpo, los estados de ánimo, la responsabilidad, la anticoncepción, las enfermedades de transmisión sexual, la pederastia, la violencia machista, la violación, las separaciones, la impotencia, la anorgasmia, los orgasmos, el placer, la felicidad… Está claro que, como seres sexuales que somos, casi todo lo relativo al ser humano tiene una relación más o menos directa con el sexo. Y vivir la sexualidad de una forma positiva, sana, placentera y respetuosa influye posiblemente en más aspectos diarios de los que podríamos suponer.

En cuanto al enfoque, me ha parecido abierto, respetuoso, que invita a la reflexión, y que cuestiona con bastante inteligencia los prejuicios morales y machistas que aún perviven, y promueve el conocimiento y las actitudes de respeto, ante la propia sexualidad y la de los demás.

Otra cosa que me ha llamado la atención es que ciertas formas de pensar y actuar de los adolescentes no difieren mucho de las que había en mi época.  Según leía a veces no daba crédito, ¿de verdad aún estamos así? Puede que no, y que este atraso se deba a que los autores son de mi época y no se han documentado lo suficiente acerca de cómo piensan los jóvenes sobre sexo ahora. Pero aunque estuviéramos en lo peor, aunque aún siguiéramos partiendo de lo mismo, hay una gran diferencia. Y es que, en mi época, jamás un profesor me habría ofrecido este texto como lectura obligatoria para ayudarme a ampliar miras, ampliar conocimiento, para poner en cuestión ciertas creencias o aliviar sentimientos de culpa, para enseñarme que existen muchas opciones y no solo una, para legitimar el placer sexual, para ayudarme a entenderme mejor y a entender mejor a los demás, para ayudarme a combatir complejos e inseguridades. Jamás. En todo caso, mis profesores contribuyeron a agrandar prejuicios, miedos y culpas, y todo el conocimiento que recibí de ellos se redujo a un saber enciclopédico acerca de los órganos reproductores femenino y masculino.

Es cierto que no en todos los centros educativos ofrecerán lecturas de este tipo, o abordarán el sexo de esta forma, pero estoy segura de que lo que ha ocurrido en el instituto de mi hijo no es único, y tampoco hay que esperar a que el primer paso lo dé un profesor, también padres, amigos y familiares de chavales pueden contribuir. Y es que, enseñar una sexualidad más sana, más natural, más respetuosa, más libre y más feliz, hará personas más sanas, más naturales, más respetuosas, más libres y más felices.

A mi hijo, El diario de Carlota le ha encantado, dice que le ha parecido muy interesante, y a mí el de Flanagan también. Así que, de momento, haremos intercambio de libros y seguiremos aprendiendo….

  • Diario Rojo de Carlota (Gemma Lienas, Ed. Planeta)
  • Diario Rojo de Flanagan (Andreu Marín y Jaume Ribera, Ed. Planeta)
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