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Como cada vez parece más inevitable el hecho de que vamos a tener que enfrentarnos de nuevo a unas elecciones, y como es prácticamente imposible abstraerse de la precampaña yanki, he ido tomando nota, especialmente de la nota llamativa que es el candidato Donald Trump.

Nos rasgamos las vestiduras con este señor, pero por qué, por su programa? ¿en serio? Vamos a ver, en materia económica, Trump propone una bajada de impuestos a empresas y familias,  eliminar el impuesto sobre sucesiones  y una reducción del gasto para evitar el déficit. Oh! Qué sorpresa, ¿no nos suena?  En materia de inmigración apuesta por levantar una frontera física con México, una gran muralla que evite la entrada de inmigrantes, expulsar a los inmigrantes ilegales, aumentar los requisitos para aceptar refugiados. Qué cosas, nuestra alambrada de concertinas nos parece tremendamente legítima, y que los requisitos para regularizar la situación del ilegal sean cada vez más complicados, se realizan expulsiones en caliente y deportaciones, y del acogimiento al refugiado mejor no hablemos.

Entonces de qué nos escandalizamos? Nos escandalizamos de sus formas, porque si algo tiene Trump es una ausencia absoluta de corrección política. Y eso es algo que no se tolera, y que yo, sin embargo, agradezco. Prefiero a las personas que dicen las cosas tal cual las piensan, sin la pátina de la hipocresía formal.

Al final, todo está permitido mientras se respeten las buenas formas establecidas. Puedes cometer las mayores atrocidades mientras las enuncies con el eufemismo correcto, lleves un traje de chaqueta y corbata, no levantes la voz, y tengas una constitución en la mano.

Y es que todo tiene muchas formas de contarse, y en función de la forma hacemos el juicio. El otro día mi hijo estaba viendo el descubrimiento de américa, y los siglos XVI y XVII en España. En los libros hablan de descubrimiento, de que gracias a las riquezas que se encontraron en las Indias España fue muy próspera durante el siglo XVI. Como si las riquezas hubieran aparecido de una forma espontánea, como una cuenta en Suiza. Y yo le decía que básicamente, llegamos allí, sometimos a los nativos, les dijimos ahora vais a hablar esta lengua, vais a adorar a este dios, vais a obedecer las leyes que os imponga nuestro rey, y sobre todo, vais a ayudarnos a llenar todos nuestros barcos con todo vuestro oro. Y esto que hizo España, que tiene un nombre políticamente correcto que es colonizar y otro que se ajusta más a la realidad que es robar, lo hicieron el resto de países europeos de una forma más o menos cruenta, con más o menos matices, pero siempre con el denominador común de la explotación, el sometimiento y la esclavitud humana como medio para el expolio de América, Asia y África.

Ahora las grandes multinacionales europeas y norteamericanas se han llevado sus centros de producción a estos continentes “emergentes” o miserables, para poder producir a muy bajo coste a costa de su miseria, e incrementar los márgenes de beneficios de estas elegantes europa y norteamérica, que al mismo tiempo blindan sus fronteras para que los mismos a quienes explotan con la legalidad vigente, no puedan entrar y comerse su bienestar. Pero no lo llamamos la explotación del tercer mundo, lo llamamos globalización. Y decimos que nuestras empresas, fabricando allí como de ninguna forma consentiríamos fabricar en origen, están generando progreso y riqueza. Y dejamos que se ahoguen en nuestros mares, y se hacinen y mueran miles de refugiados de Siria (un país cuyos gobernantes y cuya crisis política ha estado influenciada directamente por potencias europeas y americanas, como ya ocurrió en Afganistán), pero lo que decimos es que estamos buscando soluciones. Eufemismos. Donald Trump quizás no los habría utilizado, y muchos nos horrorizaríamos de lo que dice mientras aquí votamos una y otra vez a quienes no lo dicen pero lo hacen, y mientras además, nos horrorizamos también con quienes se saltan las formas y llaman a las cosas por su nombre, y dicen que la riqueza de Europa se sostiene sobre la miseria del resto del mundo, y que la riqueza de los ricos de Europa se sostiene sobre la miseria de una ciudadanía cada vez más empobrecida y reclaman un cambio de modelo y los atacamos también, nos asustan, y los tildamos de antisistema, como si eso fuera un insulto.

Pues a mí me parece bien ese quitarnos las máscaras. Yo tampoco quiero eufemismos. Yo soy antisistema. Porque el sistema que impera no me representa. El capitalismo me avergüenza, el neoliberalismo me avergüenza, las formas elegantes que esconden ausencia de humanidad y  una crueldad flagrante, incluso con la ley en la mano, y haciendo uso del estado de derecho con el que tanto se les llena a tantos la boca, me avergüenzan. Donald Trump está en las antípodas de mi forma de pensar, pero al menos tiene la honestidad de no disfrazar sus ideas, de no usar eufemismos, de no esconder sus mezquindades. Y desde luego quien le vote no podrá esconderlas tampoco: voto a Donald Trump porque los inmigrantes o la pobreza ajena me importan mucho menos que  proteger y mejorar mi nivel de vida actual. Lo siento mucho por ellos pero este es mi sueño americano y quiero mi casa, mi crucero, mi imac, mi iphone, mis dos coches, mis universidades privadas, mis operaciones de estética y mi seguro médico.

Venga, vamos a  empezar a llamar las cosas por su nombre, atrevámonos, por muy escandaloso que resulte salir del escondite de lo políticamente correcto que todo lo disculpa y de todo nos exime.

 

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5 pensamientos en “Yo soy antisistema

  1. Justo hoy estaba pensando en el muro anti inmigrantes que propone Donald Trump y en las palabras de otro Donald, Tusk, dirigidas a los que pretenden entrar en Europa por motivos económicos. “No vengáis”
    ¿No es lo mismo?

  2. Patricia, estoy muy de acuerdo, pero que sea sincero y sin careta Tramp lo valoro hasta cierto punto, lo agradezco pero de paso me lo tomo como aviso o advertencia o, si quieres, como recuerdo; no tengo ganas de un nuevo Hitler en el mundo, si sale en una república bananera me da igual, pero en el pais más poderoso de la tierra, no. Y señales hay y muchas, no solo en EEUU por desgracia, si no en los paises nórdicos de Europa que eran el arquetipo de estado de bienestar y mira hacia donde van ahora. Saludos

    • Se le ve venir, nadie podrá decir no sabía lo que votaba. Otros piensan igual y llevan a cabo políticas similares y pasan desapercibidos porque las enmascaran. Yo no tengo ganas tampoco. Me parece inimaginable que pudiera ganar las elecciones, de hecho, que el pocentaje de personas que piensan de esa forma pudiera llegar a ser suficiente. Me niego a creerlo. Llámame ingenua.

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