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El otro día estaba buscando en Instagram fotos de tatuajes. Si bien me llamaron la atención lugares que parece que están de moda para tatuarse, más lo hizo todavía el esfuerzo de las mujeres que enseñaban sus tatuajes por evitar enseñar sus pezones. Hago el comentario en voz alta y me llega la respuesta, es que si sale un pezón en una foto es censurada y eliminada. No, eso no es cierto, contesto, porque me he hartado de ver tatuajes en pechos masculinos, con sus pezones y con todo. Acudo a las políticas de uso de las principales redes sociales y explicitan, sin sonrojarse ante su propia estupidez, que se censurarán los pechos femeninos si aparecen sus pezones.

Qué cosas…. un hombre tiene un torso, pero yo tengo un pecado, dos, para ser más exacta, con tetas a su alrededor, cuya imagen no puede publicarse para evitar el mal común, al igual que tampoco se pueden publicar difamaciones, calumnias, apologías del terrorismo, o contenidos de alta violencia. Y yo todo este tiempo sin tener conocimiento de ser poseedora de tan perversos atributos.

La moral que se impone en las redes sociales no dejan de ser un reflejo de la moral social. Y somos tan imbéciles que hemos atribuido una dimensión ética al cuerpo humano. Las pollas y los coños son malos. Y los culos. Todos. No se pueden mostrar porque hacen daño, hieren la sensibilidad. En todo caso, en los lugares más liberales, no eliminan estas imágenes pero avisan de que su contenido no es adecuado para menores de edad, no vaya a ser que la visión de un pezón, un culo o un genital perturbe sus inocentes cabecitas con su maldad, y así de paso que vayan aprendiendo a cuidarse de sus genitales, que los carga el diablo.

La moral no está en las cosas, sino en lo que se hace con ellas, y además la moral va cambiando: actos que en determinados momentos históricos y culturas son moralmente reprobables en otros están aceptados. Por aquí, parece que está generalmente aceptado que es ético admirar, amar, acariciar, fotografiar o pintar un pezón, y es reprobable mutilarlo, dañarlo, y…. mostrarlo si es femenino en una red social. ¿Qué clase de código ético tenemos cuando criminalizamos el cuerpo humano? ¿Por qué hiere nuestra sensibilidad la desnudez, nuestra propia anatomía? ¿Qué problema tenemos a estas alturas con el cuerpo? ¿Son pecado los pistilos de una flor? ¿Ignominiosas las semillas de una fruta? ¿Indecorosos los pezones de un mamífero cualquiera? ¿Moralmente perjudiciales sus sexos?

El otro día leía un artículo en el que se mostraba -a modo de denuncia- un vídeo en el que un imán les enseña a sus alumnos la “dimensión moral” de la música, y les “demuestra” el por qué la música es “pecado”. Es muy sencillo ver un absurdo en estos razonamientos desde fuera, pero nosotros no podemos mostrar un pezón femenino, ni un genital, ni una nalga, eso sí, no mencionamos la palabra pecado que somos muy modernos, pero se nos hiere la sensibilidad con la desnudez. Y es la herencia de las religiones y sus absurdas moralidades, en las que se nos ha machacado hasta la extenuación con supuestas dimensiones morales de la anatomía humana y por supuesto, aunque ya de eso ni hablamos hoy, de su sexualidad.

En general no me siento cómoda publicando mi imagen en medios sociales, pero me entran ganas de desnudarme y reivindicar que mi cuerpo, en sí mismo, no es ni bueno ni malvado, y que su imagen, por sí sola, tampoco tiene una dimensión ética. Es un cuerpo, con sus ojos, su boca, su cabeza, sus brazos, sus piernas, su tripa, sus pechos con sus pezones, y por supuesto, su sexo y sus nalgas, ni más ni menos que como viene de serie la especie humana. Igual que un árbol tiene sus raíces, su tronco y su copa, y que un pájaro tiene alas, pico y plumas, y cada ser en la naturaleza su propia anatomía.

Igual deberíamos hacer un esfuerzo por revisar nuestros códigos éticos, identificar sus absurdos, y dejarnos de tanta deontología de los cuerpos humanos per sé, y preocuparnos un poco más de qué hacemos con ellos.

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8 pensamientos en “pezones perversos

  1. Si es que con esas políticas morales al final llegaremos a la conclusión de que un pezón es ETA (o alguna barbaridad similar). Por cierto, menos mal que has roto el silencio. 🙂

    • sí, pero la cosa es que esas políticas responden a una sensibilidad general. ese es el problema, que llevamos un lastre inconsciente en el que no se repara….y en cuanto al silencio, a ver si volvemos con el ruido 🙂

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