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Desde el principio de los tiempos a los humanos, a cada uno de nosotros, se nos ha identificado por nuestra imagen, por lo que otros perciben de nosotros con cualquiera de sus cinco sentidos. Nuestro rostro, la configuración de nuestro cuerpo, nuestro ritmo al caminar, el timbre de nuestra voz, las inconfundibles formas que trazamos al dibujar nuestras letras, el tacto de nuestra piel, el olor de nuestro pelo, el sabor de nuestros besos, cada uno de esos detalles permite, a los que nos conocen, reconocernos y, a los que no nos conocen, hacerse una idea de cómo somos. Hay un carácter detrás, una forma de ser, pero nos identificamos antes por lo que se ve que por lo que se ha de intuir. Nuestro cuidado personal, además de su finalidad higiénica y de mantenernos a salvo de infecciones, suele trascender hacia la atención de la imagen que queremos que los demás reciban de nosotros. Somos lo que somos y lo que nosotros añadimos con nuestros cuidados, el perfume que decidimos echarnos, el peinado que elegimos o la ropa que llevamos ofrecen a los demás datos de cómo somos o, al menos, de cómo queremos que se nos vea.

En el mundo digital los humanos, pero también las empresas, los gobiernos, los centros educativos y cualquier tipo de entidad con presencia en redes, somos un perfil conformado por nuestra información, actitud e imágenes. Un perfil que, como nuestra imagen en el mundo real, también hay que cuidar.

El viernes nos contaba Patricia la reflexión de ese amigo que abogaba por que los perfiles en redes se crearan siempre con identidades verdaderas, porque con el tiempo todos  necesitaremos un perfil veraz en la red y esos perfiles completos y verdaderos habrán de servir como regulador de conducta y servirán de base para la confianza de terceros.

Un perfil con nuestra verdadera identidad. Pero ¿cuál es esa? Entendiendo por verdaderos aquellos que no contienen mentiras, todos podemos tener un sinfin de perfiles que, sin dejar de ser verdaderos, pueden ser muy diferentes unos de otros. Por mucha información e imágenes que compartamos nuestros perfiles en redes nunca muestran más que una pequeña parte de nosotros, la que nosotros decidimos compartir. Quizá en las webs de búsqueda de empleo la simple concatenación de datos veraces sí nos otorga un perfil verdadero y único pero en aquellas redes en las que se comparte información más personal ¿cuál es nuestra identidad real?

Podemos pensar que si compartimos nuestra información, imágenes y sentimientos con naturalidad la imagen que se construya siempre va a ser la nuestra, la de verdad, pero en la práctica algo tan simple como la hora en la que habitualmente se comparta la información puede transmitir una idea diferente del carácter de alguien: si solo comparto información a última hora del día, ya cansado, es muy probable que dé una imagen de persona más triste y frágil que si comparto mis pensamientos a primera hora del día recién duchadito, bien descansado y con un café humeante en la mesa. Sin mentir tampoco, con las imágenes, es fácil oscilar de feo a guapo, gordo a delgado, moreno a blanquito… solo eligiendo bien las fotos, o los filtros.

No es algo exclusivo de las redes sociales porque ¿no pasa también en la realidad? Cada uno, al menos los adultos, tenemos un carácter y una imagen ya formados, pero se manifiestan de forma diferente en distintos ámbitos. No siempre coincide nuestra forma de ser en el trabajo, en la familia o en la calle ¿somos menos veraces entonces?

Creo que en cada grupo social hay un reparto de papeles y no siempre el que elegimos, o nos toca, es el mismo en todos nuestros grupos ¿no es verdad que podemos ser líderes en el trabajo, gregarios en pareja, alegres en familia, opacos en una oficina, tímidos en un congreso, sociables en una junta de vecinos, distantes en el metro, cercanos en una fiesta… sin dejar de ser los mismos? La imagen que transmitiríamos según qué rol de los anteriores prime en la información que compartimos sería diferente sin dejar de ser real. Habrá por tanto que controlar qué imagen queremos dar.

Es importante, sobre todo en los adolescentes que se inician en este mundo, ser capaces de ver los perfiles desde el otro lado, aprender a ver si la imagen que estamos transmitiendo es la que nos interesa ofrecer. Verdadera o falsa es nuestra carta de presentación en un mundo digital del que cada vez va a ser más difícil huir.

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2 pensamientos en “El perfil

  1. Yo creo que la cuestión en cuanto a la identidad, más allá de la parte de nosotros que mostremos, era el uso de nombre y apellidos versus pseudónimo. A veces un pseudónimo puede ser un refugio, pero existe el riesgo de que se use como un pasamontañas, o como una media y unos guantes. Mi padre solía decirme cuando era joven y salía que no hiciera nada que no haría si él estuviera delante. Es evidente la ingenuidad, y que si lo hubiera obedecido al cien por cien hoy no tendría dos hijos :-), pero de cara a lo que se hace públicamente, me pareció al recordarlo una pauta interesante. Si en tu vida real hay algo que sólo harías en la intimidad, déjalo para la intimidad en la red, y si algo de lo que dices o haces te avergonzaría si lo vieran los tuyos, es que quizás tampoco deberías publicarlo….
    Volviendo a lo que hablas de qué se muestra de nosotros una vez que hemos optado por el nombre y la identidad, por lo que veo se suele dar un mayor peso a la faceta más positiva y exitosa de las vidas: viajes, fiestas, grandes momentos con amigos o familia, sonrisas, diversión sin límites… es más o menos el mismo criterio que se tenía cuando se hacían álbumes de fotos. Y si no, coged alguno que quede por casa… Supongo que será un intento de hacer perdurar lo bueno, y olvidar lo malo.

  2. Sí hay mucho de compartir lo bueno pero también hay hasta perfiles que permiten el seguimiento diario de la evolución de una grave enfermedad. Las opciones son muchas y, combinadas con los distintos caracteres humanos, tienden al infinito. Dar la cara con tu nombre real al menos te recuerda que todo lo que compartes se asocia contigo, seguro muchos de los trolls de la red actuarían de forma diferente si no se escondieran tras un pseudónimo. Buen consejo el de tu padre para manejarse por las redes sociales, aunque fuera pésimo para la pervivencia de la especie humana 😉

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