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El ser y el parecer me lleva directamente al PSOE. Que aunque parecen… bueno, no sé muy bien lo que parecen, en realidad son… bueno, tampoco sé lo que son. Me hizo gracia leer un titular que decía “El PSOE se rompe”. No señor, no se ha roto ahora, el PSOE ya estaba roto, y se vio la fractura claramente después de las elecciones de diciembre. Exhiben ahora su ruptura, que es distinto. Antes intentaban parecer unidos.

Me decía ayer mi pareja que él pensaba que lo que al PSOE le pasaba hace mucho tiempo es que ni era chicha ni era limoná. Si le preguntas al PP qué es, la respuesta es clara y directa. Es chicha. Y además todos en el PP son chicha (pero esta es otra historia que habla del por qué existe unidad de pensamiento en organizaciones de derechas y multiplicidad en las de izquierdas, y no es la de hoy). El PP es claramente chicha, insisto, pero el PSOE lleva moviéndose mucho tiempo en la indefinición. Un día hago una política social, al día siguiente le guiñamos al liberalismo un ojo no se nos vaya a enfadar el mercado, al siguiente voy y hablo de la transición y si hace falta de la república, porque yo soy republicano, pero la monarquía no está tan mal mejor no vayamos a hurgar, y vamos a regenerar pero sin ponernos drásticos… y si me echas algo en cara te mento a San Felipe González, el padre de los derechos sociales de este país.

Hasta ahora ese estilo tan cómodo para moverse, la indefinición, que tan bien permite ir brincando de un principio a otro en función del viento que sopla, había servido.

El problema es cuando de pronto llega el día en el que es necesario definirse. Tú qué eres, chicha, o limoná? Puede que no seas del todo una cosa ni del todo la otra, pues bienvenido, como tantos, pero entre esas dos grandes entelequias que se engloban entre derecha e izquierda, ¿tú hacia dónde tiras un poco más, o al menos lo suficiente como para negociar y formar un gobierno o permitir que otros lo formen?

Eso es, ni más ni menos, lo que se les exigió en diciembre. Señores, defínanse, pacten. A la derecha o a la izquierda, pero pacten. Y eso es lo que se les volvió a pedir en junio. Pero el PSOE era incapaz, y cayó en la inacción. Cayó en una especie de delirio según el cual ellos eran la solución para España, pero como no les había votado suficiente gente, lo que iban a hacer era no hacer nada, y esperar a que el resto del país se diera cuenta de su don solucionador, y les suplicaran la salvación en los siguientes comicios. Cómo iban ellos a pactar. ¡Con la derecha! ¿De derechas nosotros? Ni locos. ¿Con la izquierda? ¿Con esa arrogante y morada?  Con ninguna izquierda que no sea la suya. ¿Y tú quién eres, entonces, PSOE? Y al PSOE le habría gustado decir, como a Yaveh, yo soy el que soy. Pero con minúsculas y 85 escaños.

En realidad, lo que ocurría no era que todos ahí dentro estuvieran en el limbo de la indefinición. El problema es que entre acercarse a la chicha o a la limoná, la mitad del partido pensaba una cosa y la otra la otra. Y cada una de las mitades no le dejaba tomar decisiones a la contraria. Y tras casi un año tirando los unos de los otros se cansaron. En el momento en que el PSOE ha tenido que posicionarse se ha visto su fisura. De las guerras fraticidas, las luchas de poder, y los intereses personales, hablaremos otro día.

¿Y quién arregla esto? No sé, yo no veo un buen arreglo. ¿Cómo viven y cómo votan juntos quienes son chicha y quienes son limoná? Y además, como le dijo Rhett Butler a Scarllett O’hara, francamente, querida, me importa un bledo. Por mí como si se disuelven de una vez, que para mí es lo que se merecen, y lo que haría honor a la verdad: hace mucho que no existe un partido socialista obrero en España. Gracias a su indefinición, y a su fractura interna, a no saber quiénes son, ni para qué están ahí, a mí me han dejado la sombría certeza de que volveremos a votar en diciembre, y la desesperanza ante la cada vez más cercana probabilidad de que en esas próximas elecciones, veremos a los azules con mayoría absoluta votando en Génova exultantes ante un Rajoy que está empleando a fondo todas sus neuronas para poder saltar sin caerse, o sin mearse al mismo tiempo, y cuatro largos años detrás.

Muchas gracias.

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2 pensamientos en “Antes o después, sabrán que están muertos.

  1. El ser y el parecer y cualquier otra palabra, ahora mismo todos los caminos informativos llevan a o pasan por el PSOE, Euler no podía ser menos. Y ya me pareció heroico que Carmen transitara su miércoles sin tocar el tema 😉

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