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Comparto con Patricia la idea de que la pasión y el disfrute son los mejores motores para mover el mundo pero la lectura de su artículo me ha hecho pensar en las diferentes concepciones que tenemos cada uno del mundo que nos rodea y, en particular, de los millones de personas que lo ocupan, porque recuerdo haber leído en los últimos años varios artículos en los que expertos en educación transmiten su preocupación por lo contrario de lo que nos cuenta Patricia en su artículo, por esa generación llena de jóvenes, a los que ahora se llama ninis, fruto según ellos de la equivocación de haber criado hijos con una filosofía de disfrute y satisfacción inmediata, en detrimento de esa otra filosofía que se basaba en el esfuerzo y la  paciencia para esperar una recompensa futura. Según estos expertos ya nos habríamos olvidado de la filosofía del esfuerzo para pasar a la del disfrute y según la visión de Patricia, fácilmente contrastable por otra parte en muchas de nuestras realidades, todavía arrastramos la del esfuerzo pero en su versión dura de esfuerzo como sacrificio y sufrimiento. Entonces ¿en qué quedamos? ¿cómo somos? ¿disfrutones o esforzados y sacrificados?

Probablemente las versiones no sean tan contradictorias porque coexisten varias generaciones y quizá en cada una prime una filosofía diferente pero la idea de sociedad que transmiten una y otra es muy distinta ¿cómo somos en realidad? no ya como individuos únicos, cada uno a su manera, sino como sociedad ¿cómo saber realmente qué sociedad hemos formado?

Cada uno la interpretamos según lo que conocemos y vemos a nuestro alrededor, cercanía que, por muy amplia que nos parezca, siempre es muy reducida comparada con el concepto amplio de sociedad así que, para un entendimiento global, acudimos a los medios de comunicación. Pero su elección de las noticias que transmiten nos traslada una muy fea imagen de nosotros mismos: somos los que cometen miles de delitos, a cual más atroz, somos los que votan no a un acuerdo de paz, los que educan hijos ególatras y acosadores, los que sufren el azote de la naturaleza ante la indiferencia del resto del mundo, los que eligen un presidente machista, xenófobo, egoísta, los que mienten, los que corrompen, los que buscan sin descanso errores ajenos y no reconocen los suyos, los que destruyen, los que provocan guerras, asolan poblados, esquilman bosques y minas… somos malos ¿no? bastante malos y no parece que quede mucho resquicio al disfrute si tienes la mala costumbre de intentar estar informado.

Es cierto que contamos con el contraste de la pequeña sociedad que tenemos a nuestro alrededor pero, por mucho que tengamos esa visión directa de nuestra sociedad cercana, la versión que nos llega a través de los medios de comunicación también cala en nosotros. Por eso me pregunto ¿por qué esa elección de noticias? ¿por qué esa continua visión aciaga? ¿qué se persigue con ello?  Hay un posible y legítimo objetivo de concienciar, de no dejar que nos olvidemos de lo que pasa más allá de nuestra casa o vecindario pero ¿no es posible que la saturación lleve a conseguir lo contrario?

Como seres sociales parece tenemos un instinto innato de apertura hacia los otros pero, si esa apertura recibe como respuesta esa continua imagen de maldad y pesimismo ¿no llevará a la retracción y cierre? ¿no nos conducirá a ser individuos preocupados solo por nuestros pequeños círculos?

Entonces ya sí que no habrá manera de saber qué sociedad somos porque, mirando solo a nuestro propio ombligo, habremos dejado de serlo.

Imagen destacada: planeta tierra, luis.labanderar vía flickr

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2 pensamientos en “¿Cómo somos?

  1. El mundo está en constante cambio. ¿Qué sociedad nos espera dentro de unos años?, posiblemente más individualista. Yo espero que sea solidaria y tienda a limar las grandes desigualdades. A ver qué pasa.

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