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Interesantes las reflexiones de Pat y Ana sobre lo de opinar y participar en las decisiones políticas de nuestro país. Yo no sé si habría desistido de leer los documentos que pacientemente Pat se leyó “diagonalmente” al ver el volumen de los mismos, o el lenguaje utilizado. Sí que me leí los programas electorales de los dos grupos que me interesaban no sólo para decidir mi voto coherentemente y no por las simpatías personales o ideológicas que me pudieran despertar los candidatos o las siglas, sino también para poder ir comprobando si lo cumplen o todo se quedaba en bonitas promesas de papel. Pero los programas están hechos para convencer, así que aunque el más largo que leí tenía unas 84 páginas, era bastante fácil y ameno de leer.

También en mi ayuntamiento fomentan la participación ciudadana en la toma de decisiones que afecta a la ciudad, así que justo esta mañana he votado en el decidimVLC sobre las propuestas de inversión en mi barrio. Reconozco que mi ayuntamiento lo hace bastante más fácil, no hay que leerse pliegos ni proyectos ni entender de arquitectura o economía, en mi barrio por ejemplo hay un presupuesto aprobado en mejoras de 411.581€ y unas seis propuestas a elegir hasta completar este presupuesto, una de las que he votado es la creación de pistas deportivas en solares municipales por 60.000€, no necesito saber más detalles, si con ese dinero son capaces de habilitar más de un solar me doy por satisfecha porque cuando formaba parte del AMPA del colegio de primaria de mis hijos tuvimos que desechar muchos años la creación de un pequeño parque infantil porque el presupuesto superaba esa cifra y de eso hace más de diez años.

Estoy de acuerdo con Ana en que hay determinadas decisiones que son demasiado complejas, no sólo por los criterios que se manejan sino por las consecuencias que puedan tener tanto a nivel de financiación como de resolución de problemas prácticos de tráfico o ubicación de instalaciones, y que puede ocasionar que nos falten datos para votar con total convicción. Creo que cuando elegimos a nuestros representantes ya sea a nivel municipal, autonómico o nacional lo hacemos con todas las consecuencias, y espero que sus decisiones sean tomadas siempre de acuerdo con el programa o ideario que les llevó a gobernar y sobre todo, apoyadas por técnicos y asesores que sopesen los pros y los contras de cada decisión. Eso no quita para que se puedan consultar puntualmente temas que quedaron fuera del programa, o que puedan crear tensión social, o simplemente consultar cual es el sentir de la mayoría de los vecinos, ya sean o no vinculantes.

Las consultas que se han hecho en pueblos sobre aceptar o no espectáculos con animales, prohibir el maltrato animal o cambiar las fiestas por puestos de trabajo me parecen interesantes, uno porque la participación es personal (no sólo por Internet que deja fuera a un sector de la población por desconocimiento o falta de medios) sino porque son temas que hacen que la población se involucre y participe, y por tanto, tenga que aceptar y respetar la decisión de la mayoría.

En otros temas la consulta popular dependiendo de cómo se plantee la pregunta o la información que se dé puede resultar bastante tendenciosa (aún me acuerdo del referéndum sobre la OTAN). No es lo mismo, pero siempre he pensado que el jurado popular queda muy bonito en las películas de Hollywood pero los prejuicios o la manipulación de un buen abogado defensor/acusador pueden ser bastante peligrosos a la hora de decidir la inocencia o culpabilidad de una persona, y que para eso estudian leyes los jueces para estudiar, analizar, no dejarse impresionar y juzgar.

Aunque siempre es mejor intentar participar en el límite de nuestras posibilidades, que quejarse y refunfuñar desde el sofá o la barra de un bar. Y al mismo tiempo nos hace coparticipes y responsables de esas decisiones.


 

 

 

 

 

 

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