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Yo vuelvo al asunto del autobús que empezó Carmen el miércoles. En cuanto al contenido del mensaje no puedo estar más de acuerdo: a mí me parece abominable. Pero lo que me genera dudas es el hecho de que el contenido sea ilegal. Cuando escuché la noticia, sentí que lo que me parecía grave es que exista gente que continúe pensando de esa forma, y que harán que sus hijos piensen también de esa forma. Pero también esa gente pensará que mi pensamiento es abominable. Y nos guste o no, el pensamiento es libre. ¿Hasta qué punto ese texto se puede considerar apología del odio al colectivo LGTB? Puede ser intolerante, puede no ser respetuoso o poner de manifiesto no comprender la transexualidad. Pero ¿delito? No digo que no, pero me genera dudas, escucho argumentos a favor y  me convencen y en contra y me convencen, tengo conflicto entre lo que me repugna esa forma de pensar y lo que me repugna coartar la libertad de expresión. En lo que no tengo dudas es en mi indignación de que una asociación como HazteOír haya sido declarada de “utilidad pública”, que reciba fondos públicos, y que al final pudiera estar pagando el autobusito de la discordia con nuestros impuestos….

Hoy leía en ElDiario.es las declaraciones del músico César Strawbweey, que decía “Todo lo que sea reprimir la libertad de expresión me parece un atentado contra los derechos fudamentales de las personas. Hay que aprender a leer y escuchar cosas con las que no estamos de acuerdo. No estoy de acuerdo con que la Policía inmovilice un autobús con un cartel” “Una sociedad plural necesita una pluralidad de opiniones. En el caso del autobús, si quieres contrarrestar su opinión, lo mejor que puedes hacer es poner otro.”

Ahora mismo el humor negro en las redes puede ser constitutivo de delito y se está juzgando a personas por sus chistes sobre ETA y Carrero Blanco, etc… y me parece igualmente abominable. No sé dónde está la línea entre libertad de expresión y el delito, pero cada vez parece que vamos estrechando más los márgenes de aquello que puede ser expresado de manera pública, y me produce conflicto.

Particularmente, tengo que decir que a cuenta del autobús, en un chat de whatsapp que mantengo con antiguos compañeros de colegio se ha montado un buen lío entre personas que daban sus opiniones encontradas acerca de la transexualidad. No se trataba de un mensaje. Era una conversación entre amigos que terminó resultando inviable, porque ni tan siquiera  los miembros han sido capaces de escuchar las distintas opiniones, y la mayoría terminó abogando por no hablar de temas sensibles por un chat para evitar herir sensibilidades. ¿Esa es la solución? ¿No hablar? ¿No discutir? ¿No intercambiar opiniones porque no somos capaces de escuchar a quien piensa diferente?

Y en el caso de los niños, en mi casa mis hijos solo han visto el autobús en las noticias. El pequeño, de once años,  que no entiende a qué se refieren con el mensaje del autobús, pregunta confuso:  ¿Pero eso es bueno o malo?  Y le contesto con otra pregunta: ¿Y tú qué opinas, si un niño se siente niña encerrado en cuerpo de niño, hay que respetar como se siente o hay que decirle que está equivocado? Creo que hay que respetarle, contesta. Pues ya está, nosotros opinamos igual y por eso no estamos de acuerdo con el mensaje.

Y me encantó que pensara como yo, al menos en esto. Me encantaría que todo el mundo pensara como yo en todo, porque creo que mi forma de pensar es moderna, civilizada y respetuosa, creo de hecho que es la mejor, porque de lo contrario pensaría de otra forma. Pero creo que tampoco me gustaría obligar a otros a pensar como yo, o que se censurara a quien lo hace, salvo cuando ese pensamiento sea constitutivo de delito. A veces establecer ese límite es difícil.

 

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3 pensamientos en “Lo peliagudo de la libertad de expresión

  1. Tu lo has dicho, es una fina línea y cada vez es más difícil distinguir entre libertad de expresión e insulto, pero lo que más miedo me da es que con la excusa de no permitir terceros frases ofensivas al final la libertad que tanto ha costado conseguir se pierda enterrada en multas, cárcel y a!amenazas 😦

  2. La libertad de expresión hay que defendela siempre aunque exprese opiniones contrarias a las tuyas, incluso más en ese caso. La idea de contrarrestar con información que apunta Strawberry es la correcta. No obstante la Constitución pone límites a la libertad de expresión en la protección del menor y habría que preguntarse si con el circo que se ha montado con el autobús los menores transexuales se han visto desprotegidos, si es que conbtoda la que se ha liado alguien ha pensado en ellos.

    • Sí, gran pregunta. Con el circo se ha conseguido que todos los niños del país hayan visto ese mensaje. Y supongo que les habrá afectado en función del entorno en que vivan, como todas las dificultades por las que pasen. Ahí surge la necesidad de que los centros educativos sean entornos en los que se promueva el respeto y la inclusión, al margen de su ideario. Y ese es capítulo aparte….

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