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Uno de los regalos que recibo cuando paso unos días en casa de mis padres es que vuelvo a leer periódicos en papel. Mientras desayuno o después de desayunar, sentada, sin prisas, paso las hojas con la calma que las pantallas no permiten.

Hoy me detengo en un titular que parece irme dedicado, Cuando tienes 50 años te das cuenta de que te has equivocado en todo, leo mientras no puedo evitar pensar “C… , me han pillado“. Entrevista en El país B. González Harbour a Antonio Orejudo, escritor que presenta su última novela. Los Cinco y yo, en la que habla de esa mi generación que creció leyendo los libros de Los Cinco. En un momento de la entrevista el escritor se autopregunta y responde en estos términos: ¿Qué ha sido de nosotros 50 años después? Y el balance siempre es negativo. Da igual que seas millonario, cuando tienes 50 te das cuenta de que te has equivocado en todo. Hay frustración, desilusión. Hay que ser muy ingenuo para no estar desengañado literaria, política y vitalmente.

No creo que a todos los que alcanzamos esta cifra nos pase lo mismo ni en la misma forma pero sí me ha sorprendido que, cuando yo he empezado a contar esa sensación de fracaso, de haber construido una vida basada en un cúmulo de errores que me invade a ratos desde hace unos meses, he podido encontrar que es algo que varias personas que han llegado o pasado hace mucho tiempo esta edad, reconocen como propio, como algo que viven o que vivieron durante un tiempo. Leer además las palabras de Antonio Orejudo dándoles el carácter de aseveración y de condición general me hace, por un lado, sentirme un poco menos rara, y por otro, plantearme por qué ocurre y por qué a esta edad.

 Los 50 es una edad redonda, más cercana ya a la jubilación que al inicio de la vida laboral (los que cumplimos 50 ahora sí tuvimos opciones de empezar a trabajar pronto) en la que es fácil haber pensado en el pasado que sería un momento de haber alcanzado todas las aspiraciones de juventud y estarse dedicando a disfrutar lo conseguido. Las familias construidas y los hijos creciendo, los trabajos asentados después de algún ascenso, físicamente activos y mentalmente jóvenes… una edad perfecta… si las vidas se escribieran como una historia plana y sin sorpresas. Pero en todas las vidas hay sorpresas, hay caminos que no llevan a donde creíamos, sueños que se consiguen y uno se pregunta ¿y después qué? ¿debo soñar más o aquí me paro?, también hay otros sueños que, al conseguirlos, se disuelven como el algodón de azúcar en la boca y hay otros  tantos que quizá necesitan más tiempo para ser conseguidos pero, llegados los 50, uno a veces siente si esos no tendrían ya que ser abandonados para limitarnos a conformarnos con aquello que se ha podido llegar a ser.

Creo también que, al menos en la parte de las XX, que es la que yo conozco, las hormonas juegan un papel perverso. Es el momento en que la vida fértil va llegando a su fin y la revolución hormonal que eso provoca contagia esa sensación de fin de ciclo a todo el organismo, hasta llegar al órgano pensante.

Época convulsa los 50 parece ser…

Os iré contando, aunque ya sabéis que crédito no podéis darme mucho porque es probable que al día siguiente ya me esté dando cuenta de que todo lo que digo, incluso en esta entrada, no es más que una pequeña parte de otro gran error 😉

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2 pensamientos en “Un cúmulo de errores

  1. Yo también crecí leyendo libros de Los cinco. De los recuerdos de infancia más marcados que tengo son sus aventuras, devoraba un libro tras otro mientras se me hacía la boca agua con sus meriendas y bocadillos 🙂 Me encantaban!
    Sobre los errores… yo no tengo esa percepción, quizás si de ocasiones perdidas y trenes que dejé pasar por cobardía, complejos o falta de sensatez, pero los 50 me pesan más en el ánimo que en el cuerpo, y eso que antes que por un cutis terso de veinteañera firmaba por unas articulaciones flexibles de treintañera mínimo jajaja!!
    Me has puesto el listón alto. 🙂

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