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Me vienen unas cuantas reflexiones al hilo de los dos argumentos que escucho esgrimir con más frecuencia estos últimos días.

Uno de ellos es la democracia, así, sin más, como concepto abstracto y absoluto. Democracia en abstracto y absoluto significa tan poco como libertad, patria o dignidad. Y la mayor prueba de ello es que el argumento de la democracia es empleado ahora mismo por líderes de posiciones opuestas. Para cada ser humano la libertad está en un sitio, y la dignidad, y la patria, y por supuesto, y cómo no, la democracia.

El otro argumento es la legalidad.  Esto no es legal, en el sentido de no es moral, no es bueno. Legal ha sido la esclavitud, legal ha sido el apartheid, legal es la pena de muerte en muchos países… La conciencia y la moral colectivas no son inamovibles, y cambian según el momento histórico, la situación geográfica y la cultura. Las leyes son arbitrarias y amorales. Su utilidad e importancia reside en que es lo que usamos para establecer los estándares de libertad, o de patria o de honor o de justicia o de democracia. Y que aunque cada cual tenga su propia idea o criterio, en el momento de actuar en sociedad, y en aras de una convivencia pacífica, nos ciñamos todos a lo que delimitan esas leyes.

Es posible que la única validez o argumento que tenga el respeto a la ley sea una cuestión de convivencia pacífica. Las leyes como reglas de juego. Posiblemente muchas de nuestras reglas de juego sean estúpidas, injustas o mejorables. Las leyes tienen que poder cambiarse, pero también mediante unas reglas, que puede que a su vez que también necesiten cambiarse.

Respetar las leyes no significa que haya que comulgar con ellas. Tenemos conflictos nacionales con nuestra constitución, los estatutos de autonomía, la ley electoral, entre otros muchos. Pero alejándonos un poco, hay lugares en los que sus ciudadanos respetan leyes de pena de muerte, o que legitiman regímenes dictatoriales, o que eliminan libertades y derechos fundamentales. Respetamos las leyes no siempre porque estemos de acuerdo sino porque queremos vivir en paz.  ¿En qué momento la paz deja de justificar el respeto a determinadas leyes? Y al contrario, ¿en qué momento el desacuerdo con una ley justifica su desobediencia y la puesta en riesgo de la paz? Por supuesto, para cada ser humano esas cuestiones tienen una respuesta diferente.

En mi caso concreto, me aburren las estupideces y las crueldades de la especie humana, intento contemplarlas desde la distancia, procurando alejarme de ellas -todo lo más que mi propia condición de ser humano me lo permite, claro está -. Como dirían los viejillos, de todo se sale. O no. Y en cualquier caso, tampoco tiene tanta importancia.

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2 pensamientos en “Democracia y legalidad como argumentos de moda

  1. Bravo Patricia me encanta lo j’en que explicas todo y tus argumentos. Suscribo tu texto no sin cierta amargura de no haber sido capaz de hacer esa reflexión por mí misma. Y en un momento en que sufro en mis carnes las contradicciones de la ley que no vienen a cuento. Muchos abrazos y felicidades!

    • Gracias! Ay, Ana, qué perdida te tengo la pista, cuánto sin saber de ti… A ver si te escribo un día, espero que estés bien, pero prefiero saberlo seguro 🙂 Un beso fuerte!

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