Home

Anoche tuve una pesadilla, soñaba que estaba haciendo turismo, creo que era Madrid, o por lo menos mi creador de paisajes oníricos cogió recuerdos visuales de paseos por la Gran Vía junto con otros sacados de alguna película de desastres. El caso es que en un momento de ese paseo una explosión cercana destrozaba la terraza de una cafetería y el pánico de encontrarme con la visión de cuerpos destrozados me impedía moverme. No quería moverme. No quería mirar.

Me he despertado con esa sensación de miedo hasta que me he dado cuenta de que era un sueño y que no pasaba nada. Pero también preguntándome como otras tantas veces porque a los europeos solo nos importan las  matanzas que ocurren en nuestro entorno, en un país cercano, a gente como nosotros, con esa empatía excluyente que parece filtrar el horror si las víctimas son de otro color, raza o religión, por no decir continente.

A mi particularmente me horrorizan todas, ya sea por catástrofe natural o por guerra/atentado antinatural. Y me asquean los exagerados signos de solidaridad con unas y el casi silencio de las otras excepto por unos segundos en las noticias o algún titular en la prensa.

El último ejemplo de esto ha sido la masacre de más de dos mil personas en Nigeria por el grupo Boko Haram. En París millones de personas se manifestaban en contra del terrorismo que había matado a 12 franceses y a favor de la libertad de expresión, aunque muchos de los mandatarios que encabezaban dicha marcha solo lo hicieran para salir en la foto porque no solo no respetan esa libertad de expresión en sus países sino que se empeñan en recortarla cada vez más. Mientras tanto, poco se hablaba de las continuas matanzas indiscriminadas que se perpetran en África, Arabia o Asia. Ninguna multitudinaria manifestación, ni reuniones extraordinarias y urgentes de líderes internacionales para buscar soluciones.

Solo intentamos proteger nuestro pequeño mundo, y con esa excusa las únicas soluciones que se les ocurrirán será seguir cerrando fronteras, endurecer la seguridad, vigilar más las comunicaciones personales de colectivos sospechosos, vendernos que para salvaguardar nuestra seguridad tenemos que sacrificar privacidad y libertades. Y lo peor es que como tantas otras veces, mucha gente consentirá, porque el miedo es muy convincente.

No creo que podamos acabar con el terror y la violencia en nuestros países, con nuestras modernas y preparadísimas agencias de inteligencia, policía y seguridad, si no solucionamos el problema que lo ocasiona, si no invertimos en educación, en tolerancia, en ayudar a esos países que muchas veces no tienen otra cosa que el odio hacía los que ellos creen sus enemigos.

Si no dejamos de mirar para otro lado cuando convierten a esos países en campos de batalla por meros intereses económicos.

Anuncios

2 pensamientos en “La solidaridad discriminada

  1. De hecho me pregunto a menudo el por qué no se interviene para parar esas cosas, o al menos intentarlo, en ocasiones se ha ido a la guerra por mucho menos.

    Sinceramente, creo que motivo justificado hay, porque es evidente que esto solo se soluciona a largo plazo, con educación y demás, pero ahora mismo están siendo masacradas miles de personas, ahora mismo, no dentro de 10 años.

    • Yo me pregunto lo mismo casi cada día. Y me cuesta pensar en la maldad humana superponiendo intereses económicos y geopolíticos a la supuesta humanidad que luego despliegan en los discursos. Pero cada día soy más mal pensada.

Los comentarios están cerrados.